Sentía un enorme vacío en su interior, negro y profundo, más que la oscura corriente. Todo habia desaparecido. Nada estaba donde se suponía que debía estar. Ahí estaba él en esa solitaria orilla, y sólo podía plantearse las preguntas tontas que se hacen los niños...¿Por qué se acaban las cosas? ¿Cómo empiezan? ¿Por qué mueren las personas buenas? ¿Qué se han propuesto los dioses?
Y eso era lo más duro, porque, para el hombre, una de las Cosas Adecuadas consistía en no hacer preguntas tontas.
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Y allí en las rocas, mientras el sol trazaba un sendero rojo en el mar Mau aprendió la palabra que era capaz de ahuyentar a un tiburon.
—¡Es un truco!-exclamó sin pensar.
— No tan alto-le espetó Nawi, volviendo la mirada hacia la costa —.Pues claro que es un truco. Construir una canoa es un truco. Arrojar una lanza es un truco. La vida es un truco, y sólo tienes una oportunidad para aprenderlo. Y ahora ya conoces otro truco. Si algún día te salva la vida, pesca un pez y arrojaselo al primer delfín que encuentres. ¡Con un poco de suerte ése seré yo!.
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