martes, 16 de noviembre de 2010

Nada que temer

(...)Este influjo me afecta a mí también:el magisterio cristíano( o, más exactamente, la conducta  tribal precristiana codificada por la religión) influye en mi sentido de la moralidad; y el Dios en quien no creo pero al que echo de menos es, naturalmente, el Dios cristiano de la Europa occidental y la América no fundamentalista. No echo de menos a Alá ni a Buda, como tampoco a Odín o Zeus. Y añoro más a Dios del Nuevo Testamento que al del Viejo. Echo de menos al Dios que inspiró la pintura italiana y las vidrieras francesas, la música alemana y las salas capitulares inglesas, y esos cúmulos de piedra  derruidos de unos acantilados celtas (...). También soy consciente de que el Dios que echo en falta, el inspirador de obras de arte, a algunos les parecerá un capricho irrelevante, como la tan cacareada «idea personal de Dios» de la que me burlaba hace poco. Además, si Dios existiera, es muy posible que considerase que esta decorativa celebración de su existencia es trivial y jactaniosa , objeto de divina indiferencia, cuando no de castigo. Podría pensar que Fra Angélico era cursi y las catedrales góticas una bravuconada tentativa de impresionarle con una construcción que no había conseguido adivinar cómo preferiría Él que le adorasen.


Nada que temer
                      Julian Barnes



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