miércoles, 12 de enero de 2011

«Childe Roland a la torre oscura llegó.»

¿No lo oyes? ¡si el ruido lo llena todo! Tañido
creciente, como una campana. Oigo los nombres
de todos los aventureros perdidos, mis iguales, de
cómo uno era muy fuerte, el otro valiente
y afortunado un tercero, pero, todos ellos, ¡perdidos!
Tocaba a difuntos por la tristeza de años.

Allí estaban, en las laderas apostados,
reunidos para contemplar mi final,¡un marco
viviente para un último cuadro! En un lienzo en llamas
los vi y los conocí a todos. Sin embargo,
valeroso, me llevé el cuerno a los labios
y soplé.
«Childe Roland a la torre oscura llegó.»
Robert Browning (1812-1889)

En "El libro de las cosas perdidas" de John Connolly

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